Camino de la Plata

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Descripción

El Camino Real de la Plata o Tierra Adentro, la mejor ruta del patrimonio colonial novohispano.
En contra de su deseo, los españoles no encontraron oro en la Nueva España. Pero descubrieron plata. Tantas y tan buenas vetas que la plata fue la principal fuente de ingresos de la Corona española. La mayoría de las mejores minas se encuentra alrededor del Camino Real de Tierra Adentro, la vía de transporte entre la ciudad de México y la plata extraída de las minas de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí. Patrimonio Mundial de la Humanidad desde agosto de 2010, la Ruta de la Plata tiene cincuenta y cinco lugares declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

La crónica de la plata, crisol de caminos

El emplazamiento de los principales pueblos de Guanajuato proviene de finales del siglo XVI. Todo empezó en 1565, cuando Juan de Tolosa fue llevado por zacatecos a los depósitos de mineral de plata en las montañas alrededor de La Bufa. El descubrimiento abrió una nueva etapa en la historia de los territorios al norte del río Lerma que concluiría, 40 años después, con el fin de la llamada guerra chichimeca (1531-1585).

Lo que había sido un lento desplazamiento hacia el norte, motivado por los intereses de los franciscanos y de quienes vieron en tierras chichimecas condiciones inmejorables para el desarrollo de la ganadería, se transformó en un avance frenético; el aseguramiento del camino real México-Zacatecas, fundamental para el abastecimiento de las minas, fue posible por la creación de presidios y pueblos defensivos a todo lo largo de la ruta, construidos en la década de los setenta del siglo XVI, momento álgido de la guerra con los chichimecas. Centros de población en el camino real o en las proximidades se beneficiaron de la actividad minera, entre ellos San Juan del Río, Querétaro, Celaya, Guanajuato, León, Lagos, San Miguel y San Felipe.

Las grandes urbes del Camino de la Plata: Guanajuato y Mineral de Pozos

Muchas ciudades se fundaron en las cercanías de las minas más ricas. Algunas siguen siendo importantes, como Guanajuato, Zacatecas o Durango. Otras, al agotarse el mineral, se convirtieron en pueblos fantasmas, repletos de lujosos edificios abandonados, como Mineral de Pozos, que sólo ha empezado a recuperarse a principios del siglo XXI. Los colonizadores españoles de las minas eran llamados gambusinos y al principio eran meros aventureros mineros. El auge regional de la minería en el siglo XVIII dio lugar a que se transformaran en refinados terratenientes que promovían la construcción de notables edificios civiles y religiosos en la ciudad de Guanajuato y en otras poblaciones, quizás los mejores ejemplos de la arquitectura barroca churrigueresca novohispana. La ciudad estaba orgullosa de su progreso; desde 1741 ostentaba el título de Villa de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato, con derecho a usar escudo de armas.

Las haciendas guanajuatenses de la sierra

Las características haciendas mexicanas surgieron en el periodo colonial y se desarrollaron tras la Independencia como unidades agrícolas y ganaderas autárquicas, casi como mini pueblos en los que transcurría toda la vida de una comunidad sin necesidad de moverse. Dotadas de muros defensivos y torretas, viviendas, jardines, almacenes, iglesia, cementerio y hasta, a veces, estación de ferrocarril, constituyeron los centros de explotación más importantes de numerosos estados de México. Algunas fincas se dedicaban al ganado, o al trigo y al maíz; otras cultivaban agave para elaborar el pulque; pero lo característico de Guanajuato y Zacatecas son las haciendas dedicadas a la explotación de minas de plata. La revolución de 1810 arrasó bastantes de ellas, pero algunas han sido conservadas o restauradas, y hoy funcionan como hoteles.